2016-12-30

“El Mago de Oz” como programación mental de niñas-esclavas sexuales (2)



Dejamos a Dorothy al comienzo de su camino, a lo largo del “camino de baldosas amarillas”, disparador de control mental para llevar a los esclavos ciegamente allí donde deban cumplir sus misiones.



Pero la mecánica es en el fondo la misma que la que opera en el control mental blando. El Falo sodomizador-violador reina y a los profanos nos toca trabajar y consumir si no queremos pasar de ser víctimas blandas a duras. Lo que es importante entender, lo que pocos comprenden, en lo que hay que insistir, es en que la anomalía define el paradigma.



Dorothy llega a una encrucijada en la que la orden que debe obedecer —“sigue el camino de baldosas amarillas”— no le permite avanzar más. Esto, que parece tan inocente, es de nuevo un mecanismo de programación mental.

Hay que entender que esta programación se inculca en bebés y niños traumatizados desde su más tierna edad por sus familias y allegados, lo que incluye a menudo su participación en rituales satánicos, en orgías, en la grabación de pornografía ilegal, películas snuff, asesinatos, etc., en los que obedecer equivale a salvar la vida. En la vida de los profanos desobedecer equivale a perder el trabajo o que te pongan una multa. Pero en la vida de estos esclavos desobedecer equivale a morir. Así opera el poder en las cúpulas. La pecera con tiburones devorando a un desobediente, en el yate en el que Cathy O'Brien recibe los menajes del “Consejo” es solo uno de los muchos ejemplos para comprender lo que es un esclavo de control mental.





En la encrucijada Dorothy se encuentra con el espantapájaros, que le indica alternativamente el camino de la derecha y el de la izquierda. Se entiende que el espantapájaros es un mecanismo de programación que sustituye a contactos o mensajeros en misiones reales.

Y después el espantapájaros le indica ambas direcciones simultáneamente, como mostramos en la primera imagen. En este caso se refuerza la obediencia ciega a las órdenes, si tenemos en cuenta que el hombre de paja no tiene cerebro. Quien le da las órdenes a la esclava es, en el mundo real, un mensajero que solo conoce una pequeña parte del conjunto de la misión, que también debe obedecer ciegamente. A veces también un controlado mental.



El encuentro con el segundo de los personajes que acompañan a Dorothy en su camino a Oz, el hombre de hojalata, es suficientemente expresivo de la labor de estas esclavas sexuales. La niña lo encuentra por primera vez arrodillada, mientras intenta coger una manzana.

En el tema que nos ocupa todo tiene un doble sentido, todo es símbolo satánico con una doble interpretación, para hacer pasar una película por un producto de entretenimiento familiar cuando es una herramienta de control mental de masas y de perversión encubierta de las moral tradicional.



Además de las alusiones a la felación, el hombre de hojalata la amenaza con un hacha. Y es que estas misiones sexuales vienen a menudo acompañadas de torturas y violencia sádica, empezando por los tamaños relativos de los penes adultos y las vaginas, los anos y las bocas y gargantas infantiles. Evidentemente la pederastia es violenta por definición. Es el centro sádico obsceno alrededor del que gira el poder-religión.



Pero además, el hombre de hojalata oxidado, al que Dorothy repara, encubre las relaciones de niñas con adultos en avanzada edad, para los que parte de estos servicios son masajes, cariño, actitud comprensiva, etc... También los gemidos de placer que el hombre de lata emite, mientras Dorothy le aplica aceite, están ahí para programar y encubrir los de las relaciones sexuales reales, para reforzar el álter sexual de estas esclavas.

De la misma manera que el espantapájaros no tiene cerebro, el hombre de hojalata no tiene corazón. Porque las esclavas deben tratar a menudo con otros controlados mentales, o con psicópatas o sociópatas maquinales, como los que abundan en las posiciones de poder. De nuevo es necesario entender la estructuralidad de esta psico o sociopatía de los poderosos. Es una de las mejores vacunas para inmunizarse contra los mitos del éxito, del prestigio, de los premios, del reconocimiento, etc, que son círculos viciosos que nos ciegan y nos impiden comprender la toxicidad del poder-religión.

Dorothy le dice a estos dos acompañantes que tiene la sensación de conocerlos de toda la vida. Y es que, como ya hemos dicho, los dos son, junto con el león que se sumará después, los tres peones que trabajan con sus tíos en la granja. Aquí se ve otra vez cómo el mundo de fantasía en el que Dorothy se ha internado se corresponde con personalidades disociadas y compartimentalizadas con respecto a su realidad consciente. Dorothy padece un trastorno de disociación de la personalidad, provocado por abuso infantil. La película de hecho, con la excusa del mundo fantástico paralelo al real, naturaliza esta anomalía, sobre todo en niñas que también son víctimas de abuso y trauma.



Después aparece el tercero de los acompañantes, el león, que está ahí para encubrir la brutalidad de las relaciones sexuales y rituales, como las cacerías en entornos naturales, de las que nos habla Cathy O'Brien, y que encubren los mitos de la Antigüedad. Algo que los pedantes de las universidades desconocen o encubren.



Como la escena de las salchichas, ahora vemos al león tocándose la cola frente a Dorothy. Otra vez, solo se entenderá cómo programan estas películas, si lo leemos en clave sexual. Los bienpensantes nunca entenderán estas sutilezas. Porque la dictadura de lo políticamente correcto, que hoy mantiene firmes y desfilando al son del pensamiento único a casi todos los servidores académicos, está ahí precisamente para que no se entienda nada y se tenga una visión superficial de todo. Si se quiere entender cómo programan estas películas, cómo refuerzan la programación de las esclavas sexuales, hay que ser “mal pensado”. Para comprender cómo opera el poder-religión “piensa mal y acertarás”.

Estos tres acompañantes hacen las veces de mensajeros, de contactos, de personal de seguridad, de conductores, de objetivos secundarios de las misiones, que a menudo también abusan de las esclavas o las traumatizan para reforzar la programación.

En el filme la acompañan a ver al Mago de Oz, que sería a su vez un alto político o dirigente internacional, que es a menudo el centro de sus misiones sexuales o de transmisión de mensajes del “Consejo” de los Illuminati, del que nos habla Brice Taylor.



Mientras avanzan camino del castillo del Mago de Oz, la bruja los observa en su bola de cristal. Este es otro tema de programación. A estos esclavos les dicen que están vigilados en todo momento, que no tienen donde escapar. Deben sentirse en todo momento desorientados espacial y temporalmente, hambrientos, amenazados y vigilados.

Aquí vemos también cómo los programas de control mental duros no son más que la vanguardia de los blandos, y cómo entre unos y otros van llevándonos progresivamente a un Nuevo Orden Mundial orwelliano en el que no quepa ninguna iniciativa que no sea útil a la casta en el poder. La vinculación entre la bola de cristal de la bruja y la religión masónica del “ojo que todo lo ve” es también evidente.

Otra confirmación de que Daniel Estulin, que repite una y otra vez que los poderosos no son un grupo de ancianos alrededor de una bola de cristal, es un desinformador. Con una gran habilidad para rellenar sus libros de largas citas tomadas de otros autores, pero muy poca para comprender y hacer comprender las sutilezas del poder-religión.



De la misma manera que la bola de cristal hay que interpretar las palabras “ríndete Dorothy”, que la bruja traza con humo en el cielo.

En otro momento Dorothy llorá y se acuerda de su tía Emma. Dice que si su tía se muriera, ella tendría la culpa. Esta es otra táctica que utilizan como programación de esclavos. Pero también como programación blanda para toda la ciudadanía, como ha mostrado Lucien Cerise. Siempre están culpabilizándonos por ser normales, por no ser judíos, por no ser homosexuales, por no ser minorías perseguidas, por no ser discapacitados, y con ello están exterminando la normalidad y la normatividad y haciendo de la excepción la norma.

En este caso culpabilizar a Dorothy de lo que le suceda a su tía es una herramienta específica de control mental. Lo suelen hacer en el marco de “programaciones cruzadas”, con esclavos con relaciones cercanas, como gemelos, amigos de infancia, familiares. De manera que les obligan a actuar como esclavos, amenazando de muerte a otros esclavos, culpabilizándolos de lo que les pueda suceder. Esto lo utilizan para que actúen robóticamente, para que se mantengan en silencio o impasibles mientras están padeciendo tortura o abuso sexual, o mientras están presenciando estos actos con familiares, en ocasiones con hijos menores de edad. Es lo que nos han contado Brice Tayor y Cathy O'Brien.



Otra ficción para encubrir una realidad: persecuciones en entornos naturales. Es lo que Cathy O'Brien en “Trance-formación de América” denomina “el juego más peligroso”, en el que ella y su hija Kelly eran perseguidas y violadas por altos políticos estadounidenses.





Más programación para rituales o asesinatos. En este caso, un desmembramiento, como el sparagmos, característico de los cultos osiriacos y dionisíacos.



Otro elemento de programación que utiliza la bruja —los controladores—: el reloj de arena. En este caso, con arena roja, pues los utilizan a menudo para amenazar de muerte a los esclavos. Para que sientan que se están jugando la vida en cada misión, que su obediencia y la perfección de su comportamiento o actividad están vinculados a su supervivencia. Este es el método utilizado: amenazar de muerte y asesinar delante de los esclavos a otros esclavos en situaciones similares. Así es como consiguen, los inhumanos que nos gobiernan en los niveles más altos del poder, implementar su agenda. Así es como consiguen hacer, de niñas esclavas, actrices pornográficas hipersexualizadas, o participantes obedientes y hieráticas en rituales, o asesinos fríos y maquinales.



La bruja dice explícitamente que el reloj de arena “medirá el tiempo que te queda aún con vida”, que “no es mucho”. Se trata de una imagen muy expresiva, que alude directamente a los rituales de sangre. Sangre que se derrama, literalmente, que se agota, que fluye desde los cuerpos de las víctimas.

Otra vez, se trata de disparadores de álters robóticos, que son necesarios para el control de la situación en rituales satánicos, o en prácticas de abuso menos ritualizadas, en las que las víctimas adoptan mecánicamente actitudes pasivas, sumisas, silenciosas, que son las que les garantizan sobrevivir. Incluso cuando un familiar está siendo violado o torturado enfrente, como muestra Cathy O'Brien. Esto es lo que encubre y programa aquí la mascota de Dorothy, el perrito Totó.



La bruja llena el campo de “amapolas que les invitarán al sueño”. Otra tapadera para las drogas y los estados alterados correspondientes, que habitualmente utilizan para reforzar la programación y para compartimentar álters, antes, durante o después de las misiones. Mucha química, otro elemento común a la programación dura y la blanda. La psiquiatría dominante y la mafia farmacéutica son otras de las patas importantes para el Nuevo Orden Mundial.



Vemos como la imagen de Dorothy drogada-dormida se funde con la del hada buena. Esto es otro disparador para un cambio de álter. Otra vez el rojo sangre...

Continuará.

Pedro Bustamante es autor de "Sacrificios y hierogamias: La violencia y el goce en el escenario del poder (1 y 2)" (2016) y "El imperio de la ficción: Capitalismo y sacrificios hollywoodenses" (2015). Colabora en diversos medios alternativos como El Robot Pescador, El Espía Digital, Katehon, La Caja de Pandora y Csijuan.