2016-12-29

“El Mago de Oz” como programación mental de niñas-esclavas sexuales (1)



Para comprender la religión hollycapitalista es imprescindible conocer los programas de control mental mediante trauma. Creemos que son uno de los centros alrededor del que gira todo el sistema, en particular el control mental blando del resto de la sociedad. Los controlados mentales duros son la vanguardia de lo que las élites quieren hacer con el resto. En todo caso son la anomalía que da forma al paradigma, la excepción que confirma la regla. Como para todo lo demás, lo menos conocido, lo más oculto, es lo que más importancia tiene. Aunque el pensamiento dominante nos haya adoctrinado para pensar de otra manera, porque por eso precisamente es pensamiento dominante.

Y para comprender el control mental mediante trauma es necesario analizar una serie de películas que han sido utilizadas sistemáticamente como parte de esta programación. Es el caso de “El Mago de Oz” (1939), dirigida por Victor Fleming, Mervyn LeRoy, Richard Thorpe y King Vidor, con Judy Garland en el papel de la niña protagonista, Dorothy.



Dorothy es una niña huérfana que vive en una granja en Kansas con sus tíos. Aquí la vemos con tres peones que trabajan con sus tíos. Luego los veremos como el espantapájaros, el hombre de hojalata y el león, acompañando a Dorothy a Oz. Y veremos que forman parte de la red de abuso sexual de la niña Dorothy.



El que será el hombre de hojalata dice “algún día me erigirán una estatua de bronce en este lugar” apuntando con su mano al cielo. Esto es ya un gesto de programación mental. Es importante que lo haga ahora, antes de que Dorothy haya entrado en el mundo de fantasía, es decir, en sus álters disociados, porque estos gestos se utilizan precisamente como disparadores y conmutadores de personalidad.

Después la tía Emma le dice a Dorothy: “¿Sabes cómo puedes ayudarnos? Buscando un lugar para distraerte donde no pueda ocurrirte nada malo.” Esto es otro disparador.

Entonces canta el tema más famoso de la película, “Somewhere over the rainbow” (En algún lugar, sobre el arcoiris) que simboliza mejor que ninguna otra canción, que sirve, de hecho, para activar álters. En este sentido hay que interpretar la letra de la canción:
“En algún lugar, sobre el arcoiris,
allá en lo alto,
hay un mundo del que oí hablar
UNA VEZ EN UNA CANCIÓN DE CUNA.”
Está hablando de abuso infantil, fuente privilegiada para la producción de álters:
“LOS SUEÑOS que te atreverías a soñar,
SE HACEN REALIDAD.
Algún día, pediré un deseo a una estrella,
y despertaré lejos de las nubes, dejándolas atrás.
DONDE LOS PROBLEMAS SE DESHACEN, como gotas de limón.”
En el tema se habla también de “pájaros azules”, que aluden al proyecto Blue Bird, antecedente del MK Ultra y del Monarch.
“En algún lugar, sobre el arcoiris,
vuelan PÁJAROS AZULES.”
Después, cuando Dorothy se siente amenazada porque le quieren quitar a su perro Totó, le dice:
“Tenemos que escapar, irnos corriendo, ¿sabes?”
Pero “escapar” para una esclava de control mental significa entrar en un álter disociado y compartimentar en él todo lo que experimenta de traumático.



Dorothy se encuentra con el Profesor Marvel (Maravillas) que hay que interpretar ya como una experiencia pederástica en su entorno familar, como ponen de manifiesto las salchichas que está asando en una lumbre y el perro Totó muerde. Se trata de imágenes pantalla para encubrir relaciones sexuales pederásticas, para desencadenar alters.



Dorothy regaña a Totó por comerse la salchicha: “Aún no nos habían invitado” Y Marvel responde: “Es igual, es un perrito listo, ¿eh?” De nuevo, a estas esclavas sexuales las programan para actuar sin esperar a que se lo ordenen, en concreto para hacer felaciones a los altos cargos políticos, monarcas, altos jueces, empresarios, etc., directamente, en función de sus gustos previamente estudiados por las élites que los utilizan.



Después hay un tifón, que está ahí para encubrir condiciones de privación, frío, exposición a condiciones extremas, etc., a las que someten a estos esclavos. Y en general, situaciones de violencia, tortura, caos, desorden, a las que los someten.



Entonces, como es la intención de estos programas, en medio o antes del trauma, se produce la disociación, el desdoblamiento en álters, como muestra claramente esta imagen.



Al mismo tiempo, la casa vuela por los aires, gira sobre sí misma. Esto se corresponde con programación específica de desorientación espacial y perceptiva a los que los someten. De nuevo, la película opera mediante imágenes, frases, palabras, en suma, símbolos encubridores de las experiencias reales, que quedan disociadas y compartimentadas, y por lo tanto como disparadores, conmutadores, reforzadores de estos álters disociados.



La cama se eleva, se inclina, gira, dentro de la habitación, en medio del tifón. Otra imagen tapadera de programación mediante desorientación espacial y perceptiva.

La casa sigue girando y se eleva en la cumbre del el tifón. Y después vuelve a caer en tierra, pero como veremos estamos ya en un mundo fantástico y coloreado, que es de hecho un álter disociado en el que ha entrado la niña abusada y traumatizada.

En efecto, Dorothy entra en este mundo coloreado de fantasía, al mismo tiempo que suena otra vez el tema “En algún lugar sobre el arcoiris”. Pero ahora acompañado de sonidos extraños, que siguen encubriendo —en la mente del controlado duro, pero también del blando, esto es, del espectador— el trauma y las experiencias de programación que lo producen. Después Dorothy dice “estamos sobre el arcoiris”.



No es una casualidad que este mundo fantástico sea un lugar en medio de una naturaleza exuberante, de una arquitectura exótica, de piscinas y canales. Porque esta programación suele utilizarse para producir prostitutas de élite, “modelos presidenciales” (también prostitutas pero específicas para presidentes estadounidenses), participantes en rituales satánicos, etc., que tienen lugar a menudo en este tipo de entornos, aislados de los entornos urbanos, en propiedades de la élites, en islas tropicales, etc.



El lugar fantástico al que ha llegado Dorothy es Pequeñilandia, que está poblada por enanos, que hacen de ella su heroína, su princesa. Esto sirve para programar los álters de estas niñas, en los que se convierten en el centro de atención de los mayores, en fiestas, rituales, relaciones sexuales en grupo. Son programadas para comportarse como mayores, a pesar de ser niñas física y mentalmente, para atraer las miradas, para ser “princesas”, junto a figuras muy importantes.



En Pequeñilandia a Dorothy la acompaña un hada buena, con alas y un collar con una mariposa, que alude al proyecto Monarca (mariposa monarca), y en general al tema del vuelo, la metamorfosis, la producción de trascendencia. Todo esto está implícito en la producción de álters. Hay que recordar que se trata a menudo de niños y niñas, cuando no bebés.



El tema del viaje en carroza, con todos los honores, con una procesión que la acompaña, es parte de la programación. Pues este es el ambiente habitual en el que encuentran a las élites a las que sirve, a menudo altos políticos o monarcas que toman parte en actos oficiales, desfiles, recepciones de Estado. Que una niña-esclava sexual entrenada le haga le una felación al presidente o al monarca mejora las relaciones oficiales, para los perversos que nos gobiernan.



De ahí que aparezcan soldados desfilando, guardas de honor, etc., porque este es el ambiente en el que estas niñas esclavas sirven a los “altos dignatarios”.



Los chapines de rubíes, otro elemento de programación y disparador de álters. Hay que recordar que se trata de niñas que son vestidas como mujeres para rendir servicios sexuales a las casta en el poder. Los “disfraces”, como en este caso los chapines, son utilizados ya como disparadores de álters específicos, concebidos para distintas personalidades según sus debilidades y gustos.

Le dicen a Dorothy que no debe quitarse estos zapatos bajo ningún concepto, porque estos la protegerán de la bruja. Este es otro tema de programación, para evitar que las esclavas abandonen un álter sin que un controlador o un gatillo lo provoque. Llevar los zapatos equivale a encarnar el álter.



La bruja desaparece en medio de una nube de humo rojo y de fuego. Son pantallas para encubrir la sangre y el fuego reales de rituales.



Para llegar a Oz, donde encontrará al “bondadoso-perverso” mago, le dicen que debe seguir “el camino de baldosas amarillas”. Uno tras otro, los enanos que se encuentra en el camino le repiten “sigue el camino de baldosas amarillas”. Este es, de hecho, el laberinto que las esclavas se ven obligadas a recorrer, completamente desorientadas temporal, geográfica y culturalmente, obedeciendo a sus distintos programadores y al resto del personal de seguridad, contactos, mensajes, etc., que van desvelándoles progresivamente sus misiones, como parte de la estrategia de seguridad.

Aquí la forma de doble espiral alude también a los rituales del laberinto cretense —la danza del geranos—, a la catábasis y la anábasis, a las dos serpientes del cadudeo de Hermes. No hay que olvidar que todo esto es parte de un ritual, de un culto, de la producción de seres sagrados de la religión hollycapitalista.



El “camino de baldosas amarillas” es pues un ritual iniciático. Que además estas niñas-esclavas deben recorrer prácticamente solas.

Continuará.

Pedro Bustamante es autor de "Sacrificios y hierogamias: La violencia y el goce en el escenario del poder (1 y 2)" (2016) y "El imperio de la ficción: Capitalismo y sacrificios hollywoodenses" (2015). Colabora en diversos medios alternativos como El Robot Pescador, El Espía Digital, Katehon, La Caja de Pandora y Csijuan.