2016-09-26

“Ex Machina”: el transhumano salido de la pornografía (1/2)


Es interesante analizar “Ex Machina” (2015) después de haberlo hecho con “Transcendence”, porque ambas películas tienen muchos puntos en común y nos ofrecen dos perspectivas diferentes de un mismo fenómeno, enfocando el tema del erotismo implícito en el transhumanismo desde dos posiciones complementarias. Si en “Transcendence” la Inteligencia Artificial era masculina y la humana era femenina, en “Ex Machina” se invierten los términos.



A pesar de encontrarse en medio de la naturaleza virgen, el centro al que Caleb llega es una suerte de gruta mistérica a la que solo pueden acceder los elegidos, presidida por una gran chimenea esculpida casi en la misma roca. Así, a pesar del ambiente futurista y domótico, vemos desde un principio cómo estamos en el ámbito de los herreros arcaicos y de los primeros alquimistas que desarrollaban experimentos ocultos en los márgenes de la sociedad. Se trata por lo tanto de una bajada a los Infiernos, que es en lo que ha consistido siempre la investigación científica de punta, carnicería y canibalismo sublimados.



Y en efecto Caleb se sorprende al ver que el presidente del buscador más popular de internet, Nathan, no es un ejecutivo de traje y corbata sino una suerte de héroe hercúleo al que encuentra practicando boxeo. Vemos también desde las primeras secuencias el busto del toro colgado en la pared, justamente situado entre Nathan y Caleb, lo que ya nos anuncia el tema del laberinto.

A continuación vemos que efectivamente este centro de investigación es una suerte de laberinto domótico. Nathan le entrega a Caleb una tarjeta de identificación y le dice que está autorizado a acceder solo a parte de las estancias y de la información del sistema:
“—¿Así te lo he puesto fácil, no?” —resume Nathan.
Efectivamente es más “fácil” trabajar en alguno de los compartimentos del sistema sin saber lo que se esconde en el centro del laberinto. El 99,9% de la población hace esto, y así el sistema de criminalidad y barbarismo organizados funciona mucho mejor. Y el 0,1% que no lo hacemos somos los raros.

Caleb está obligado a firmar un acuerdo de confidencialidad que le impide revelar nada de lo que va a ver o conocer. Más laberinto jurídico.

Evidentemente todo esto es una estilización de las bases secretas subterráneas en las que hoy se experimenta al margen más absoluto de la moralidad, de la legalidad y del control público o político, con seres humanos secuestrados, abducidos o criados sintéticamente en las mismas bases. La ciencia y la tecnología son la punta del sistema de guerra en el que vivimos. Y hoy además la guerra es de las élites contra todos. 

Caleb ha sido elegido para una suerte de iniciación, y él es consciente de ello. Así, cuando Nathan le dice:
“—... si la prueba es superada, tu estarás en el centro del mayor experimento científico de la historia del hombre.
Caleb responde: —Si has creado una máquina consciente no es la historia del hombre, es la historia de los dioses.”


La labor de Caleb consiste en entrevistarse con la cyborg Ava y evaluar su inteligencia y su comportamiento artificial, valorar hasta qué punto estos se acercan a los humanos. Pero poco a poco vamos viendo que lo que verdaderamente está en juego no es que el humano examine a la máquina sino que la máquina examine al humano. Y así, de manera muy expresiva, el que está encerrado, aunque sea en una jaula de cristal, no es la cyborg Ava sino el humano Caleb.

Entre Caleb y Ava se produce todo un juego de idas y venidas, de especularidades, de reflejos. El joven programador dice:
“—Cuando hablas con ella es como ver a través del espejo.”
Hablan del test de Turing, que consiste en valorar si una inteligencia artificial puede comportarse como una humana, pero Nathan le dice a Caleb que asume que el humano sabe que la máquina consciente es una máquina artificial, pero aún así lo que le interesa es estudiar cómo el humano cree en la ilusión de que no lo es:
“—La verdadera prueba es mostrarte que es un robot y ver si aún crees que tiene consciencia.”


Este es un tema crucial que vincula más el transhumanismo con el tema de la ficción de lo que parece en un principio. Lo importante no es que la inteligencia artificial sustituya a la humana sino, sobre todo en las fases intermedias de su desarrollo, que los humanos traten a la inteligencia artificial COMO SI fuese humana. De una manera similar a como en el teatro o en el cine creemos en la ilusión, aunque solo sea durante dos horas, de que los personajes son personas reales, que están inmersos en la vida real.

Y en efecto en el pasillo que da acceso a la sala en la que se encuentran Caleb y Ava hay una serie de máscaras similares a las del teatro tradicional, que nos recuerdan que el transhumanismo es en cierto modo un estadio más del desarrollo de las artes teatrales y espectáculares.

Significativamente la primera máscara de la serie es la de un cerdo, de la misma manera que las máscaras del teatro proceden de las máscaras totémicas, y particularmente las de los animales más salvajes, más lascivos, como cabras, ciervos o toros. Aquí encontramos una clave para comprender el papel central que la ficción juega en el transhumanismo, pero entendiendo ficción en el sentido más religioso del término. Sin duda el transhumanismo persigue la transformación progresiva de todos los seres humanos en transhumanos, pero lo importante es entender que esta transformación se está produciendo a través de la intermediación de seres sagrados y semisagrados, que operan como referencias de los seres profanos.

La relación del humano con el cyborg debe ser por lo tanto, de acuerdo con Nathan, similar a la que se produce entre el espectador y el actor, aunque sin la presencia marcada de la cuarta pared. De ahí que no quiera hablar con Caleb de temas técnicos, sino simplemente saber qué ha sentido con Ava:
“—¿Qué has sentido con ella? No lo analices. Solo dime qué sientes.”


Esta dimensión ficticia es central. Caleb no puede dormir y se despierta por la noche pensando en Ava, enciende el ordenador y la observa. Ava puede activar a voluntad el sistema de emergencia que desactiva el circuito cerrado de televisión e inunda todo el espacio con una luz roja. Se trata de una metáfora que simboliza la intimidad, pero también la pasión sexual, lo “carnal”, la pornografía.



Pero el rojo del estado de emergencia representa también el aislamiento del exterior, el quedar encerrado en el laberinto.
“—La instalación permanecerá cerrada hasta que el generador haya sido restaurado” —se oye por megafonía cuando se activa.
Caleb está atravesando una iniciación y la prueba de fuego es, no solo acceder al centro del laberinto, sino también salir de él, experimentar la pasión de la relación “carnal” —siempre entre comillas porque estamos hablando de una relación con una cyborg—, pero no quedar atrapado en ella, en el dominio de la animalidad y los instintos.

Significativamente es Ava la que activa este estado de emergencia. La primera vez que se activa vemos como toca el interruptor, pero solo como gesto aparente. Es la mujer en buena medida la protagonista de lo que sucede en el santa sanctorum, la que tiene la llave, la que descorre el velo de Isis del templo erótico.

Y frente al rojo de la pasión y el encierro, no es el verde sino el azul el que indica que las puertas se abren y se tiene acceso a las salas.



Al mismo tiempo que Caleb se va enamorando de Ava, va descubriendo que hay algo oscuro en todo el proyecto que no le están contando. Empieza a sospechar de las virtudes de la compañía, su fascinación por el proyecto y por Nathan van dando paso a la desconfianza.





Caleb va descubriendo poco a poco una doble dimensión en Nathan. Es el jefe, el que controla todo con su inteligencia privilegiada, el que ha creado todo el sistema, pero es también la bestia que se esconde en el centro del laberinto, un ser sin moral que se emborracha y maltrata a su pareja Kyoko, otra cyborg sin inteligencia total con la que Nathan desahoga su deseo sexual.



Pero al mismo tiempo Nathan vigila y controla desde las cámaras todo lo que sucede entre Caleb y Ava. Entre Caleb y Nathan existe por lo tanto una suerte de rivalidad mimética que se da al mismo tiempo en el plano de la relación con Ava y en el plano profesional. Como expresan de manera muy evidente las botellas de cerveza fálicas, una de las cuales Nathan apoya en su bajo vientre. La cámara muestra a este Nathan itifálico a contraluz contra los chorretes de pintura-eyaculaciones de un cuadro de Jackson Pollock, o encuadra las dos botellas-falos que simbolizan a los dos varones que componen esta tríada. Como veremos no es una casualidad que frente al cuadro de Pollock haya una obra compuesta de piezas triformes, que conforman una geometría hexagonal.

Nathan le dice que “no tiene autorización para utilizar el teléfono”, pero se puede interpretar que lo que le está diciendo es que no tiene autorización para utilizar el pene. Y para que no queden dudas de cómo ha de ser interpretada esta escena, Nathan le dice a Caleb que lo que está experimentando con Ava es solo una película, como la mamada que un fantasma le hace a Dan Aykroyd en “Cazafantasmas”.

A medida que la “relación” entre Caleb y Ava se va desarrollando va quedando más claro que lo que está en juego no es que el humano conozca a la cyborg sino que la cyborg conozca al humano:
“Ava: —La conversación es unidireccional. Tu me haces preguntas circunspectas y estudias mis respuestas. […] Tu aprendes sobre mí y yo no aprendo nada sobre ti. Ese no es el fundamente en el que se basa la amistad.
Caleb: —Entonces, ¿qué quieres, que hable de mí?
Ava: —Sí. […] Una lista de obras de arte o libros que los dos conozcamos sería una base ideal para conversar.”
Y en otra ocasión le propone Ava:
“—Hoy voy a examinarte yo a ti.”
Aquí vemos cómo la relación de Caleb y Ava simboliza la de los usuarios de internet con la inteligencia artificial, cómo la clave del control que el sistema ejerce sobre nosotros se basa en toda la información que le proporcionamos sobre nuestros intereses, sobre nuestros gustos. No tanto para vendérnoslos como para controlarnos y conformar nuestros comportamientos a través de ellos.



La estructura triádica vuelve a estar presente, pero esta vez en la manera como Ava analiza a Caleb, que no puede hacer sino comparándole con Nathan, pues son los dos únicos varones que conoce. Y significativamente Caleb aparece flanqueado por dos columnas, como las dos columnas masónicas, que de hecho son las jambas de la puerta que da acceso a la estancia, y en una de ellas se ve el dispositivo de identificación que señala con azul o rojo el acceso. Son las dos columnas masónicas.

Entonces Ava activa el sistema de emergencia y manipula a Caleb para que desconfíe de Nathan:
“—No confíes en él. No te creas nada de lo que te diga.”
En esto consiste el poder-religión, en inmiscuirse en nuestras relaciones humanas, aunque lo haga desde detrás de la rejilla de un confesionario, o desde una red "social".



A Kyoko, la pareja y sirvienta cyborg de Nathan, se le cae el vino y este se enfurece y la regaña, pero Caleb la defiende. Estamos otra vez en el marco de las rivalidades miméticas triangulares que se dan entre los cuatro personajes, pero también simbolizadas por el busto de toro y su reflejo en el espejo.

Pero también estamos en el ámbito del laberinto. Nathan dice que Kyoko es “como un cortafuegos contra las filtraciones”, que se puede hablar de secretos comerciales con ella presente sin temor a que sean difundidos. Están hablando de los programas de control mental mediante trauma de manera indirecta, sin hacer explícito que se hacen con humanos. A lo largo de todo el film los humanos son humanos y las máquinas son máquinas, porque de lo que se trata es de que el borregomátrix (LCC) no comprenda que estos experimentos se están haciendo con humanos, que el verdadero frente del transhumanismo no son máquinas que convergen con los humanos sino humanos que convergen con máquinas, mediante control mental, microchips y cableado implantados, nanotecnología, ingeniería genética, control electromagnético y psicotrónico, etc...

En este laberinto metafórico Nathan le dice a Caleb que los operarios que realizaron el proyecto fueron asesinados para que no revelaran la información que habían conocido. Y comprendemos que esta es de hecho la mecánica de las religiones de misterios y de las sociedades secretas que hoy gobiernan en la sombra, y que la tecnología de vanguardia se inscribe en este marco, exactamente de la misma manera que ha sucedido siempre desde los primeros herreros y alquimistas. Esta confluencia de ciencia y tecnología y cultos mistéricos es clave para entender el mundo de hoy, pero naturalmente de esto no se habla en las universidades, precisamente para que los investigadores no entiendan el conjunto del sistema y sean puros técnicos sin saber de lo que son cómplices.





El tema de la intimidad, el erotismo y la pornografía vuelven a aparecer. Este es un tema importante porque es en lo que el hollycapitalismo se distingue del capitalismo. El dominio se ejerce en buena medida a través de nuestro deseo, esto es, del desvío y canalización de nuestro deseo natural hacia sucedáneos artificiales. La pornografía es uno de los paradigmas centrales del sistema a partir del que todo el ámbito del consumo, tanto de productos materiales como inmateriales, no es más que una sublimación. Y todo ello en el marco de la mecánica teatral, espectacular, ficticia, en la que es clave la complicidad del espectador a la hora de creer, aunque solo sea por un momento, en la ilusión de que la ficción es real.



Y de nuevo vemos los colores rojo y azul, que simbolizan los extremos emocionales con lo que el sistema juega para controlarnos, que de hecho el sistema provoca como una estrategia de dominación. Ya hemos visto en “Transcendence” que el hollycapitalismo produce artificialmente en todos el síndrome maníaco depresivo y se aprovecha de ambos extremos y de su alternancia. De la misma manera que el poder opera tanto por la derecha como por la izquierda, porque la clave no es la ideología en sí sino la desestabilización relativa con respecto a cualquier situación estable.



Nathan le muestra a Caleb el santa sanctorum del centro. Significativamente vemos una sala de operaciones al fondo con una camilla y una suerte de esqueleto metálico sobre ella, que nos sugiere de manera muy sutil que la tecnología de punta se basa en una suerte de ritual sacrificial racionalizado, que los avances científicos son inseparables de los experimentos con cualquier forma de vida, y por supuesto la humana, es decir, la tortura, el sufrimiento, la muerte, el sadismo y la inhumanidad. Que Josef Mengele es el prototipo del científico hollycapitalista que debe sus “avances” a la tortura sistemática con seres humanos.



Significativamente Nathan como nuevo alquimista aparece entre las dos “columnas” masónicas (de hecho con “columnas” vertebrales impresas). Y para que no queden dudas de que la ciencia y la tecnología de punta operan en el marco de un ritual sacrificial, este saca una suerte de cerebro artificial de un cráneo metálico, diciendo “aquí tenemos su mente”. La cultura humana se ha basado siempre en la administración sacrificial de la muerte, en la separación, a un tiempo fáctica y conceptual, del cuerpo y el alma. Las nuevas tecnologías no son más que la última versión de esta mecánica intrínsecamente religiosa. La cultura más avanzada, más refinada, más sofisticada, es siempre la otra cara de la moneda del barbarismo, de la tortura, del sadismo. Hasta que no se comprende esto no se comprende nada.

Nathan le cuenta a Caleb el secreto del poder-religión hollycapitalista: las personas son la materia prima, como en el capitalismo lo fue el petróleo como fuente de energía para el motor de explosión.
“Caleb: —¿Hackeaste todos los móviles del mundo?
Nathan: —Sí, todos los fabricantes sabían que lo hacía, pero no podían denunciarme sin reconocer que ellos hacían lo mismo.”
En otras palabras, la vanguardia del sistema es por su propia esencia amoral, transgresora. La ciencia y la tecnología avanzan al margen de la moralidad de los profanos, en el marco de la rivalidad bélica entre potencias y la competencia entre empresas. La legalidad y la moralidad son secundarias con respecto a un sistema de jerarquías de facto y compromisos, que es el que imponen los rituales de sexo y sangre de las sociedades secretas.

Nathan nos da otra clave para comprender que el beneficio económico es secundario, que es solo un medio para un fin, que es el control de la mayoría por una minoría:
“—Mis competidores estaban obsesionados con absorberlo todo y monetizarlo con las compras y con las redes sociales. Creían que los buscadores eran una mapa de lo que piensa la gente. Pero en realidad son un mapa de cómo piensa la gente.”
No se trata simplemente de saber los gustos de los usuarios de redes sociales o de buscadores de internet para venderles productos. De lo que se trata es de hacer del producto el intermediario entre el poderoso y el sometido, en dominar a través del consumo, incluido el consumo de mercancías inmateriales, de cultura, de información.

Continúa en "Ex Machina": la alquimia del trans-humano (2/2).

Pedro Bustamante es investigador independiente, arquitecto y artista. Su obra El imperio de la ficción: Capitalismo y sacrificios hollywoodenses ha sido publicada recientemente en Ediciones Libertarias. Colabora habitualmente en diversos medios alternativos como El Robot Pescador, El Espía Digital, Katehon y Página Transversal, así como en la serie de videoprogramas "Hollycapitalismo" en La Caja de Pandora.