2016-06-03

Terror entre comillas



Esperamos en un aeropuerto europeo para coger un avión. Hace unos días Obama ha advertido de que se esperan nuevos atentados terroristas entre comillas en Europa en las próximas fechas. En el aeropuerto se respira una calma tensa. Aunque no pasa nada. Precisamente porque no pasa nada. Nada más allá de lo que pasa siempre en un aeropuerto. Ciudadanos anónimos desfilando con sus maletas. Pasando disciplinadamente por los controles policiales. Sin rechistar. Cruzándose con agentes armados hasta los dientes. Agentes que la mayoría cree que trabajan a su servicio. Ciudadanos sin nada particular en sus mentes. Sin nada más allá de la nada en la que consisten sus vidas. Servidores de la nada. Creyentes en la nada. Servidores y creyentes entre comillas. Servidores y creyentes en las comillas. Ciudadanos que son alemanes o franceses o italianos o rusos o brasileños. Los mismos ciudadanos con las mismas maletas. Arrastrando la misma nada y las mismas comillas. Ciudadanos que nos miramos sin nada particular que decirnos. Sin nada particular que reprocharnos. Y sin embargo ciudadanos que nos miramos con desconfianza. Sin nada particular que reprocharnos salvo la nada que todos arrastramos y que es lo único que compartimos. Sin nada particular que decirnos porque esa nada que compartimos no puede ser nombrada. Los recientes atentados entre comillas en otro aeropuerto europeo, el reciente accidente entre comillas de otro vuelo. Estos y otros eventos entre comillas. Esto es todo lo que compartimos. La nada compartida que no necesita ser nombrada porque precisamente lo que se comparte es lo que no tiene nombre. Nada que forma parte de lo que somos, nada que nos conforma. Nada compartida porque lo que compartimos no es algo, ni siquiera algo entre comillas, sino nada entre comillas, pura nada entre comillas. Nada entre comillas para la mayoría. Pero nada que equivale a muerte, a sangre, a tragedia para la minoría. Nada entre comillas para la mayoría que equivale a todo sin comillas para la minoría. Para las víctimas y para las familias y para los amigos de los atentados entre comillas de los terroristas entre comillas que nuestros políticos entre comillas denuncian en los medios de comunicación entre comillas. Ciudadanos que nos miramos para no decirnos nada. Para compartir esa nada, esa calma tensa. Esa calma tensa de la mayoría para la que todo es entre comillas y ese todo equivale al todo sin comillas de la minoría sangrienta. Calma tensa compartida a la espera de que algo suceda. De que algo suceda entre comillas. O quizás incluso que algo sin comillas nos suceda. Ciudadanos que nos miramos sin tener nada que decirnos excepto compartir la nada entre comillas pero también el todo sin comillas. Todo sin comillas que nos arranque de ese vacío vital, de esa calma tensa, de esa vida hecha de una nada cada vez más vacía. Nada entre comillas que no puede existir si no es por el terror entre comillas que nuestros políticos entre comillas condenan en los medios de comunicación entre comillas. Ciudadanos que bebemos nuestros cafés entre comillas, líquido caliente en vasos de cartón. Ciudadanos que pagamos nuestros cafés entre comillas con dinero entre comillas. Ciudadanos que vamos acabando disciplinadamente nuestros cafés entre comillas. Ciudadanos que vamos arrastrándonos disciplinadamente hacia nuestras puertas de embarque. Ciudadanos que cogemos vuelos sin comillas que nos recuerdan a otros vuelos entre comillas que se estrellaron entre comillas con dos torres sin comillas. Torres sin comillas. Torres-comillas que se derrumbaron entre comillas en las que murieron sin comillas las minorías que dan sentido a la vida entre comillas de las mayorías. Mientras fábricas de dinero entre comillas imprimen sin cesar billetes entre comillas. Dinero entre comillas para pagar a terroristas entre comillas. Para cometer atentados entre comillas. Atentados entre comillas que denuncian los políticos entre comillas. Denuncias entre comillas que publican los medios de comunicación entre comillas. Ciudadanos que compartimos algo que no se puede nombrar porque lo único que lo caracteriza es ser nada entre comillas. Terror entre comillas compartido. Terror real para la minoría. Terror entre comillas para la mayoría. Pero ahora avisan de que debemos embarcar en un avión. Quizás un avión sin comillas o quizás un avión entre comillas. En próximas fechas, avisan los políticos entre comillas, habrá más terror. Pero terror entre comillas, lo único que todavía compartimos.